jueves, 30 de abril de 2015

Mateo - Capítulo 27



Jesús es entregado a Pilato

1 Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. 
2 Y después de atarle, le llevaron y le entregaron a Pilato, el gobernador.


Muerte de Judas

3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, 
4 diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú[a]! 
5 Y él, arrojando las piezas de plata en el santuario, se marchó; y fue y se ahorcó. 
6 Y los principales sacerdotes tomaron las piezas de plata, y dijeron: No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre. 
7 Y después de celebrar consejo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los forasteros. 
8 Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangre hasta hoy. 
9 Entonces se cumplió lo anunciado[b] por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron[c] las treinta piezas de plata, el precio de aquel cuyo precio habia sido fijado por los hijos de Israel; 
10 y las dieron[d] por el Campo del Alfarero, como el Señor me habia ordenado.


Jesús ante Pilato

11 Y Jesús compareció delante del gobernador, y éste[e] le interrogó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 
12 Y al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió. 
13 Entonces Pilato le dijo*: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 
14 Y Jesús no le respondió ni a una sola pregunta[f], por lo que el gobernador estaba muy asombrado.


Jesús o Barrabás

15 Ahora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran. 
16 Y tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. 
17 Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo? 
18 Porque él sabía que le habían entregado por envidia. 
19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó aviso, diciendo: No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de El. 
20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesús. 
21 Y respondiendo, el gobernador les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos respondieron: A Barrabás. 
22 Pilato les dijo*: ¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo? Todos dijeron*: ¡Sea crucificado! 
23 Y Pilato dijo: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 
24 Y viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Soy inocente de la sangre de este justo[g]; ¡allá vosotros[h]! 
25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! 
26 Entonces les soltó a Barrabás, pero a Jesús, después de hacerle azotar, le entregó para que fuera crucificado.


Los soldados se mofan de Jesús

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio, y reunieron alrededor de El a toda la cohorte[i] romana. 
28 Y desnudándole, le pusieron encima un manto escarlata. 
29 Y tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña[j] en su mano derecha; y arrodillándose delante de El, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 
30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 
31 Después de haberse burlado de El, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarle.

32 Y cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simón, al cual[k] obligaron a que llevara la[l] cruz.


La crucifixión

33 Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calavera, 
34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, no lo quiso beber. 
35 Y habiéndole crucificado, se repartieron sus vestidos, echando suertes[m]; 
36 y sentados, le custodiaban allí. 
37 Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía[n]: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS. 
38 Entonces fueron crucificados* con El dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 
39 Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza 
40 y diciendo: Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo, si eres el Hijo de Dios, y desciende de la cruz. 
41 De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de El, decían: 
42 A otros salvó; a sí mismo no puede salvarse[o]. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en El. 
43 En Dios confia; que le libre ahora si El le quiere; porque ha dicho: “Yo soy el Hijo de Dios.” 
44 En la misma forma le injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con El.


Muerte de Jesús

45 Y desde la hora sexta[p] hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena[q]. 
46 Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lema sabactani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por que me has abandonado? 
47 Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Este llama a Elías. 
48 Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 
49 Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Elías viene a salvarle[r]. 
50 Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu. 
51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron; 
52 y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; 
53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús[s], entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos. 
54 El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios[t]. 
55 Y muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle, estaban allí, mirando de lejos; 
56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.


Sepultura de Jesús

57 Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. 
58 Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. 
59 Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, 
60 y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca, y después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. 
61 Y María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro.


Guardias en la tumba

62 Al día siguiente, que es el día después de la preparación[u], se reunieron ante Pilato los principales sacerdotes y los fariseos, 
63 y le dijeron[v]: Señor, nos acordamos que cuando aquel engañador aún vivía, dijo: “Después de tres días resucitaré[w].” 
64 Por eso, ordena que el sepulcro quede asegurado hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, se lo roben, y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”; y el último engaño será peor que el primero. 
65 Pilato les dijo: Una guardia tenéis; id, aseguradla como vosotros sabéis. 
66 Y fueron y aseguraron el sepulcro; y además de poner la guardia, sellaron la piedra.

Pie de notas:

a. Mateo 27:4 Lit., Tú verás
b. Mateo 27:9 Lit., dicho
c. Mateo 27:9 O, tomé
d. Mateo 27:10 Algunos mss. dicen: di
e. Mateo 27:11 Lit., y el gobernador
f. Mateo 27:14 Lit., palabra
g. Mateo 27:24 Algunos mss. sólo dicen: de éste
h. Mateo 27:24 Lit., vosotros veréis
i. Mateo 27:27 I.e., unidad militar romana compuesta de varias centurias
j. Mateo 27:29 O, vara
k. Mateo 27:32 Lit., a éste
l. Mateo 27:32 Lit., su
m. Mateo 27:35 Algunos mss. posteriores agregan: para que se cumpliera lo dicho por el profeta: Se repartieron mis vestiduras y sobre mi ropa echaron suertes
n. Mateo 27:37 Lit., escrita
o. Mateo 27:42 O, ¿a sí mismo no puede salvarse?
p. Mateo 27:45 I.e., las doce del día
q. Mateo 27:45 I.e., las tres de la tarde
r. Mateo 27:49 Algunos mss. antiguos agregan: Y otro tomó una lanza, y traspasó su costado, y salió agua y sangre (Véase Juan 19:34)
s. Mateo 27:53 Lit., El
t. Mateo 27:54 O, posiblemente, un hijo de Dios
u. Mateo 27:62 I.e., del viernes
v. Mateo 27:63 Lit., diciendo
w. Mateo 27:63 Lit., resucito


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