domingo, 26 de abril de 2015

Mateo - Capítulo 9



Curación de un paralítico

1 Y subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado y llegó a su ciudad. 
2 Y[a] le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados. 
3 Y[b] algunos de los escribas decían para sí[c]: Este blasfema. 
4 Y Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 
5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, y anda”? 
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo* al paralítico): Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. 
7 Y él levantándose, se fue a su casa. 
8 Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor[d], y glorificaron a Dios, que había dado tal poder[e] a los hombres.


Llamamiento de Mateo y la cena en su casa

9 Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: ¡Sígueme! Y levantándose, le siguió.

10 Y sucedió que estando El sentado[f] a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos[g] y pecadores llegaron y se sentaron[h] a la mesa con Jesús y sus discípulos. 
11 Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores? 
12 Al oír El esto, dijo: Los que están sanos[i] no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 
13 Mas id, y aprended lo que significa: “Misericordia[j] quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.


Pregunta sobre el ayuno

14 Entonces se le acercaron* los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan? 
15 Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio[k] pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será[l] quitado, y entonces ayunarán. 
16 Y nadie pone un remiendo[m] de tela nueva[n] en un vestido viejo; porque el remiendo[o] al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. 
17 Y nadie echa vino nuevo en odres[p] viejos, porque entonces[q] los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.


Curación de una mujer y resurrección de la hija de un oficial

18 Mientras les decía estas cosas, he aquí, vino un oficial[r] de la sinagoga y se postró delante de El[s], diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 
19 Y levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos. 
20 Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 
21 pues decía para sí: Si tan sólo toco su manto, sanaré[t]. 
22 Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado[u]. Y al instante[v] la mujer quedó sana[w]. 
23 Cuando entró Jesús en la casa del oficial[x], y vio a los flautistas y al gentío en ruidoso desorden, 
24 les dijo: Retiraos, porque la niña[y] no ha muerto, sino que está dormida. Y se burlaban de El. 
25 Pero cuando habían echado fuera a la gente, El entró y la tomó de la mano; y la niña[z] se levantó[aa]. 
26 Y esta noticia[ab] se difundió por toda aquella tierra.


Curación de dos ciegos y un mudo

27 Al irse Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: ¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 
28 Y después de haber entrado en la casa, se acercaron a El los ciegos, y Jesús les dijo*: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos le respondieron*: Sí, Señor. 
29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fe. 
30 Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. 
31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierra.

32 Y al salir ellos de allí, he aquí, le trajeron un mudo endemoniado. 
33 Y después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: Jamás se ha visto[ac] cosa igual en Israel. 
34 Pero los fariseos decían: El echa fuera los demonios por el príncipe de los demonios.


Ministerio de Jesús

35 Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 
36 Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. 
37 Entonces dijo* a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. 
38 Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

Pie de notas:

a. Mateo 9:2 Lit., Y he aquí
b. Mateo 9:3 Lit., Y he aquí
c. Mateo 9:3 Lit., dentro de sí
d. Mateo 9:8 O, se llenaron de asombro
e. Mateo 9:8 O, autoridad
f. Mateo 9:10 Lit., reclinado
g. Mateo 9:10 O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos
h. Mateo 9:10 Lit., reclinaron
i. Mateo 9:12 Lit., fuertes
j. Mateo 9:13 O, Compasión
k. Mateo 9:15 Lit., hijos del tálamo
l. Mateo 9:15 Lit., sea
m. Mateo 9:16 Lit., lo que se pone encima
n. Mateo 9:16 Lit., sin encoger
o. Mateo 9:16 Lit., lo que llena
p. Mateo 9:17 I.e., cueros usados como recipientes
q. Mateo 9:17 Lit., y si no
r. Mateo 9:18 O, principal
s. Mateo 9:18 O, le adoró
t. Mateo 9:21 Lit., seré salva
u. Mateo 9:22 Lit., te ha salvado
v. Mateo 9:22 Lit., desde aquella hora
w. Mateo 9:22 Lit., salva
x. Mateo 9:23 O, principal
y. Mateo 9:24 O, muchacha
z. Mateo 9:25 O, muchacha
aa. Mateo 9:25 O, fue levantada
ab. Mateo 9:26 Lit., fama
ac. Mateo 9:33 Lit., ha aparecido


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