domingo, 28 de junio de 2015

Marcos - Capítulo 5



El endemoniado gadareno

1 Y llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos[a]. 
2 Y cuando El salió de la barca, enseguida vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 
3 que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas; 
4 porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo. 
5 Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras. 
6 Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de El; 
7 y gritando a gran voz, dijo*: ¿Qué tengo yo que ver contigo[b], Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes. 
8 Porque Jesús le decía: Sal del hombre, espíritu inmundo. 
9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él le dijo*: Me llamo Legión, porque somos muchos. 
10 Entonces le rogaba con insistencia que no los enviara fuera de la tierra. 
11 Y había allí una gran piara de cerdos paciendo junto al monte. 
12 Y los demonios le rogaron, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 
13 Y El les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron[c]. 
14 Y los que cuidaban los cerdos[d] huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido. 
15 Y vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y tuvieron miedo. 
16 Y los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniado, y lo de los cerdos. 
17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca. 
18 Al entrar El en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara acompañarle[e]. 
19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas[f] el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti. 
20 Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas[g] Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.


Jairo ruega por su hija

21 Cuando Jesús pasó otra vez en la barca al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de El; así que El se quedó[h] junto al mar. 
22 Y vino uno de los oficiales[i] de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle se postró* a sus pies. 
23 Y le rogaba* con insistencia, diciendo: Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane[j] y viva. 
24 Jesús fue con él; y una gran multitud le seguía y le oprimía.


Jesús sana a una mujer

25 Y una mujer que había tenido flujo de sangre por doce años, 
26 y había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado; 
27 cuando oyó hablar de Jesús, se llegó a El por detrás entre la multitud y tocó su manto. 
28 Porque decía[k]: Si tan sólo toco sus ropas, sanaré[l]. 
29 Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 
30 Y enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de El, volviéndose entre la gente, dijo: ¿Quién ha tocado mi ropa? 
31 Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te oprime, y dices: “¿Quién me ha tocado?” 
32 Pero El miraba a su alrededor para ver a la mujer que le había tocado[m]. 
33 Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de El y le dijo toda la verdad. 
34 Y Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha sanado[n]; vete en paz y queda sana de tu aflicción.


Jesús resucita a la hija de Jairo

35 Mientras estaba todavía hablando, vinieron* de casa del oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro? 
36 Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagoga: No temas, cree solamente[o]. 
37 Y no permitió que nadie fuera con El sino sólo Pedro, Jacobo[p] y Juan, el hermano de Jacobo[q]. 
38 Fueron* a la casa del oficial de la sinagoga, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho. 
39 Y entrando les dijo*: ¿Por qué hacéis alboroto y lloráis? La niña no ha muerto, sino que está dormida. 
40 Y se burlaban de El. Pero El, echando fuera a todos, tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con El, y entró* donde estaba la niña. 
41 Y tomando a la niña por la mano, le dijo*: Talita cum (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!). 
42 Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento se quedaron completamente atónitos. 
43 Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la niña[r].

Pie de notas:

a. Marcos 5:1 Otros mss. dicen: guerasenos, o, guerguesenos
b. Marcos 5:7 Lit., ¿Qué a mí y a ti
c. Marcos 5:13 Lit., se ahogaban
d. Marcos 5:14 Lit., Y los que los cuidaban
e. Marcos 5:18 Lit., para que estuviera con El
f. Marcos 5:19 O, todo lo que
g. Marcos 5:20 O, todo lo que
h. Marcos 5:21 Lit., estaba
i. Marcos 5:22 O, principales, y así en el resto del cap.
j. Marcos 5:23 Lit., se salve
k. Marcos 5:28 O, pensaba
l. Marcos 5:28 Lit., seré salva
m. Marcos 5:32 Lit., había hecho esto
n. Marcos 5:34 Lit., salvado
o. Marcos 5:36 O, sigue creyendo
p. Marcos 5:37 O, Santiago
q. Marcos 5:37 O, Santiago
r. Marcos 5:43 Lit., ella


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