viernes, 31 de julio de 2015

Lucas - Capítulo 18


Parábola de la viuda y el juez injusto

1 Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer, 
2 diciendo: Había en cierta ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a hombre alguno. 
3 Y había en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: “Hazme justicia de mi adversario.” 
4 Por algún tiempo él no quiso, pero después dijo para sí: “Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre alguno, 
5 sin embargo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia; no sea que por venir continuamente me agote la paciencia[a].” 
6 Y el Señor dijo: Escuchad lo que dijo* el juez injusto. 
7 ¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles[b]? 
8 Os digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe[c] en la tierra?


Parábola del fariseo y el publicano

9 Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás: 
10 Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos[d]. 
11 El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. 
12 “Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano.” 
13 Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “Dios, ten piedad de[e] mí, pecador.” 
14 Os digo que éste descendió a su casa justificado pero aquél no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.


Jesús y los niños

15 Y le traían aun a los niños muy pequeños para que los tocara, pero al ver esto los discípulos, los reprendían. 
16 Mas Jesús, llamándolos a su lado, dijo: Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos[f] es el reino de Dios. 
17 En verdad os digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.


El joven rico

18 Y cierto hombre prominente[g] le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 
19 Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios. 
20 Tú sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, No mates, No hurtes, No des falso testimonio, Honra a tu padre y a tu madre.” 
21 Y él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. 
22 Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. 
23 Pero al oír esto, se puso muy triste, pues era sumamente rico. 
24 Mirándolo Jesús, dijo: ¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas! 
25 Porque es más fácil que un camello pase[h] por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios. 
26 Los que oyeron esto, dijeron: ¿Y quién podrá salvarse? 
27 Y El respondió: Lo imposible para los hombres, es posible para Dios. 
28 Y Pedro dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo[i] y te hemos seguido. 
29 Entonces El les dijo: En verdad os digo: no hay nadie que haya dejado casa, o mujer, o hermanos, o padres o hijos por la causa del reino de Dios, 
30 que no reciba muchas veces más en este tiempo, y en el siglo venidero, la vida eterna.


Jesús anuncia su muerte por tercera vez

31 Tomando aparte a los doce, Jesús les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que están escritas por medio de los profetas acerca del Hijo del Hombre. 
32 Pues será entregado a los gentiles, y será objeto de burla, afrentado y escupido; 
33 y después de azotarle, le matarán, y al tercer día resucitará. 
34 Pero ellos no comprendieron nada de esto; este dicho les estaba encubierto, y no entendían lo que se les decía.


Curación de un ciego

35 Y aconteció que al acercarse a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando. 
36 Al oír que pasaba una multitud, preguntaba qué era aquello. 
37 Y le informaron que pasaba Jesús de Nazaret. 
38 Entonces gritó, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 
39 Y los que iban delante lo reprendían para que se callara; pero él gritaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 
40 Jesús se detuvo y[j] ordenó que se lo trajeran; y cuando estuvo cerca, le preguntó: 
41 ¿Qué deseas que haga por ti? Y él dijo: Señor, que recobre la vista. 
42 Jesús entonces le dijo: Recibe[k] la vista, tu fe te ha sanado[l]. 
43 Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios; cuando toda la gente vio aquello, dieron gloria a Dios.

Pie de notas:

a. Lucas 18:5 Lit., me abofetee
b. Lucas 18:7 O, noche, y no obstante es muy paciente en cuanto a ellos?
c. Lucas 18:8 Lit., la fe
d. Lucas 18:10 O, publicano; i.e., uno que explotaba la recaudación de los impuestos romanos, y así en los vers. 11 y 13
e. Lucas 18:13 O, sé propicio a
f. Lucas 18:16 O, de los tales
g. Lucas 18:18 O, principal
h. Lucas 18:25 Lit., entre
i. Lucas 18:28 Lit., lo nuestro
j. Lucas 18:40 Lit., puesto en pie
k. Lucas 18:42 O, Recobra
l. Lucas 18:42 Lit., salvado

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