martes, 25 de agosto de 2015

Juan - Capítulo 8


La mujer sorprendida en adulterio

1 Pero Jesús se fue al Monte de los Olivos. 
2 Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a El; y sentándose, les enseñaba. 
3 Los escribas y los fariseos trajeron* a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, 
4 le dijeron*: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. 
5 Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices? 
6 Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. 
7 Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra. 
8 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. 
9 Pero al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los de mayor edad, y dejaron solo a Jesús y a la mujer que estaba en medio. 
10 Enderezándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te ha condenado? 
11 Y ella respondió: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.


Jesús, la luz del mundo

12 Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. 
13 Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero[a]. 
14 Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. 
15 Vosotros juzgáis según la carne[b]; yo no juzgo a nadie. 
16 Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que[c] me envió. 
17 Aun en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero[d]. 
18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. 
19 Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: No me conocéis a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. 
20 Estas palabras las pronunció en el lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su hora.


Advertencias a los incrédulos

21 Entonces les dijo de nuevo: Yo me voy, y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; adonde yo voy, vosotros no podéis ir. 
22 Por eso los judíos decían: ¿Acaso se va a suicidar, puesto que dice: “Adonde yo voy, vosotros no podéis ir”? 
23 Y Jesús les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 
24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy[e], moriréis en vuestros pecados. 
25 Entonces le decían: ¿Tú quién eres? Jesús les dijo: ¿Qué os he estado diciendo desde el principio[f]? 
26 Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros, pero el que me envió es veraz; y yo, las cosas que oí de El, éstas digo al mundo. 
27 No comprendieron que les hablaba del Padre. 
28 Por eso Jesús dijo: Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy[g] y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó. 
29 Y El que me envió está conmigo; no me ha dejado[h] solo, porque yo siempre hago lo que le agrada. 
30 Al hablar estas cosas, muchos creyeron en El.


Los verdaderos hijos de Abraham

31 Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en El: Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; 
32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 
33 Ellos le contestaron: Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”? 
34 Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; 
35 y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. 
36 Así que, si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. 
37 Sé que sois descendientes de Abraham; y sin embargo, procuráis matarme porque mi palabra no tiene cabida en vosotros[i]. 
38 Yo hablo lo que he visto con mi Padre[j]; vosotros, entonces, hacéis también lo que oísteis de vuestro padre. 
39 Ellos le contestaron, y le dijeron: Abraham es nuestro padre. Jesús les dijo*: Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. 
40 Pero ahora procuráis matarme, a mí[k] que os he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham. 
41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Ellos le dijeron: Nosotros no nacimos de fornicación; tenemos un Padre, es decir, Dios. 
42 Jesús les dijo: Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais, porque yo salí de Dios y vine de El, pues no he venido por mi propia iniciativa, sino que El[l] me envió. 
43 ¿Por qué no entendéis lo que digo[m]? Porque no podéis oír mi palabra. 
44 Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira[n], habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira[o]. 
45 Pero porque yo digo la verdad, no me creéis. 
46 ¿Quién de vosotros me prueba que tengo pecado? Y si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 
47 El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no escucháis, porque no sois de Dios.


Jesús, anterior a Abraham

48 Contestaron los judíos, y le dijeron: ¿No decimos con razón que tú eres samaritano y que tienes un demonio? 
49 Jesús respondió: Yo no tengo ningún demonio, sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí. 
50 Pero yo no busco mi gloria; hay Uno que la busca, y juzga. 
51 En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra, no verá jamás la muerte. 
52 Los judíos le dijeron: Ahora sí sabemos que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas, y tú dices: “Si alguno guarda mi palabra no probará jamás la muerte.” 
53 ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham que murió? Los profetas también murieron; ¿quién crees que eres?[p] 
54 Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: “El es nuestro Dios.” 
55 Y vosotros no le habéis conocido, pero yo le conozco; y si digo que no le conozco seré un mentiroso como vosotros; pero sí le conozco y guardo su palabra. 
56 Vuestro padre Abraham se regocijó esperando ver[q] mi día; y lo vio y se alegró. 
57 Por esto los judíos le dijeron: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 
58 Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera[r], yo soy. 
59 Entonces tomaron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó[s] y salió del templo[t].

Pie de notas:

a. Juan 8:13 O, válido
b. Juan 8:15 I.e., según un criterio carnal
c. Juan 8:16 Algunos mss. antiguos dicen: yo y el que
d. Juan 8:17 O, válido
e. Juan 8:24 La mayoría de los eruditos bíblicos relacionan estas palabras con Ex. 3:14 YO SOY EL QUE SOY
f. Juan 8:25 O, Lo que os he dicho desde el principio
g. Juan 8:28 Véase la nota, vers. 24
h. Juan 8:29 O, no me dejó
i. Juan 8:37 O, no progresa en vosotros
j. Juan 8:38 O, en la presencia del Padre
k. Juan 8:40 Lit., a un hombre
l. Juan 8:42 Lit., Aquél
m. Juan 8:43 O, mi manera de hablar
n. Juan 8:44 Lit., la mentira
o. Juan 8:44 Lit., el padre de ella
p. Juan 8:53 Lit., ¿quién te haces?
q. Juan 8:56 Lit., para que viera
r. Juan 8:58 Lit., viniera a ser
s. Juan 8:59 Lit., fue ocultado
t. Juan 8:59 Algunos mss. agregan: y pasando por en medio de ellos, se fue, y así pasó

Capítulos de Juan

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