martes, 22 de septiembre de 2015

Hechos - Capítulo 4


Arresto de Pedro y Juan

1 Mientras ellos hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo, y los saduceos, 
2 indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en[a] Jesús la resurrección de entre los muertos. 
3 Les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. 
4 Pero muchos de los que habían oído el mensaje[b] creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil.


Pedro y Juan ante el concilio

5 Y sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas; 
6 estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes. 
7 Y habiéndolos puesto en medio de ellos, les interrogaban: ¿Con qué poder[c], o en qué nombre, habéis hecho esto? 
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes y ancianos del pueblo[d], 
9 si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera[e] éste ha sido sanado[f], 
10 sabed todos vosotros, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por El[g], este hombre se halla aquí sano delante de vosotros. 
11 Este Jesús es la piedra desechada por vosotros los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular[h]. 
12 Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser[i] salvos.


Amenazados y puestos en libertad

13 Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús. 
14 Y viendo junto a ellos de pie al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra. 
15 Pero habiéndoles ordenado salir fuera del concilio[j], deliberaban entre sí, 
16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque el hecho de que un milagro[k] notable ha sido realizado por medio de ellos es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo. 
17 Mas a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémoslos para que no hablen más a hombre alguno en este nombre. 
18 Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús. 
19 Mas respondiendo Pedro y Juan, les dijeron: Vosotros mismos juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 
20 porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. 
21 Y ellos, después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir (no hallando la manera de castigarlos) por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había acontecido; 
22 porque el hombre en quien se había realizado este milagro[l] de sanidad tenía más de cuarenta años.


Oración de la iglesia

23 Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 
24 Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor[m], tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, 
25 el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:

¿Por que se enfurecieron los gentiles[n],
y los pueblos tramaron cosas vanas?
26 Se presentaron los reyes de la tierra,
y los gobernantes se juntaron a una
contra el Señor y contra su Cristo[o].
27 Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles[p] y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo[q] Jesús, a quien tú ungiste, 
28 para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. 
29 Y ahora[r], Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, 
30 mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales[s] y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo[t] Jesús. 
31 Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.


Todas las cosas en común

32 La congregación[u] de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. 
33 Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús[v], y abundante gracia había sobre todos ellos. 
34 No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, 
35 y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.

36 Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de consolación[w]), 
37 poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.

Pie de notas:

a. Hechos 4:2 O, en el caso de
b. Hechos 4:4 O, la palabra
c. Hechos 4:7 O, autoridad
d. Hechos 4:8 Algunos mss. agregan: de Israel
e. Hechos 4:9 O, por quién
f. Hechos 4:9 Lit., salvado
g. Hechos 4:10 O, éste
h. Hechos 4:11 Lit., cabeza del ángulo
i. Hechos 4:12 Lit., es necesario que seamos
j. Hechos 4:15 O, Sanedrín
k. Hechos 4:16 O, una señal
l. Hechos 4:22 O, esta señal
m. Hechos 4:24 O, Dueño
n. Hechos 4:25 O, las naciones
o. Hechos 4:26 O, Ungido; i.e., Mesías
p. Hechos 4:27 O, las naciones
q. Hechos 4:27 O, Hijo
r. Hechos 4:29 O, en cuanto lo que sucede ahora
s. Hechos 4:30 O, milagros
t. Hechos 4:30 O, Hijo
u. Hechos 4:32 O, multitud
v. Hechos 4:33 Algunos mss. antiguos agregan: Cristo
w. Hechos 4:36 O, exhortación, o, estímulo

Capítulos de Hechos

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