sábado, 26 de septiembre de 2015

Hechos - Capítulo 8


1 Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muerte.


Saulo persigue a la iglesia

En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. 
2 Y algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban, y lloraron a gran voz[a] por él. 
3 Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en[b] la cárcel.


Predicación de Felipe en Samaria

4 Así que los que habían sido esparcidos iban predicando[c] la palabra. 
5 Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo[d]. 
6 Y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y ver las señales[e] que hacía. 
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, éstos salían de ellos gritando a gran voz; y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanados. 
8 Y había gran regocijo en aquella ciudad.


Simón el mago

9 Y cierto hombre llamado Simón, hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje; 
10 y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, diciendo: Este es el que se llama el Gran Poder de Dios. 
11 Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas. 
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se bautizaban, tanto hombres como mujeres. 
13 Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían.


Pedro y Juan en Samaria

14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, 
15 quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, 
16 pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 
17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. 
18 Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero, 
19 diciendo: Dadme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo. 
20 Entonces Pedro le dijo: Que tu plata perezca[f] contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. 
21 No tienes parte ni suerte en este asunto[g], porque tu corazón no es recto delante de Dios. 
22 Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón. 
23 Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena[h] de iniquidad. 
24 Pero Simón respondió y dijo: Rogad vosotros al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que habéis dicho.

25 Y ellos, después de haber testificado solemnemente y hablado la palabra del Señor, iniciaron el regreso a Jerusalén anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos.


Felipe y el etíope eunuco

26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza. (Este es un camino desierto[i].) 
27 El se levantó y fue; y he aquí, había un[j] eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar. 
28 Regresaba sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías. 
29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Ve y júntate a ese carruaje. 
30 Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le dijo: ¿Entiendes lo que lees? 
31 Y él respondió: ¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe? E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él. 
32 El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste:

Como oveja fue llevado al matadero;
y como cordero, mudo delante del que lo trasquila,
no abre el su boca.
33 En su humillacion no se le hizo justicia[k];
¿quien contara[l] su generacion[m]?
Porque su vida es quitada de la tierra.
34 El eunuco respondió a Felipe y dijo: Te ruego que me digas, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro? 
35 Entonces Felipe abrió su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 
36 Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo*: Mira, agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado? 
37 [n]Y Felipe dijo: Si crees con todo tu corazón, puedes. Respondió él y dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 
38 Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. 
39 Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso. 
40 Mas Felipe se encontró[o] en Azoto[p], y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

Pie de notas:

a. Hechos 8:2 Lit., e hicieron gran lamentación
b. Hechos 8:3 Lit., entregaba a
c. Hechos 8:4 O, anunciando las buenas nuevas de
d. Hechos 8:5 I.e., el Mesías
e. Hechos 8:6 O, los milagros
f. Hechos 8:20 Lit., sea para perdición
g. Hechos 8:21 O, enseñanza; lit., palabra
h. Hechos 8:23 O, grillos, o, esclavitud
i. Hechos 8:26 O, Esta ciudad está desierta
j. Hechos 8:27 Lit., un hombre
k. Hechos 8:33 Lit., su justicia fue quitada
l. Hechos 8:33 O, describirá
m. Hechos 8:33 O, familia, u, origen
n. Hechos 8:37 Los mss. más antiguos no incluyen el vers. 37
o. Hechos 8:40 O, fue hallado
p. Hechos 8:40 En el Antiguo Testamento, Asdod

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