lunes, 26 de septiembre de 2016

2 Reyes - Capítulo 4


Eliseo y la viuda

1 Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al Señor; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos. 
2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en casa más que una vasija de aceite. 
3 Entonces él le dijo: Ve, pide[a] vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas. 
4 Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echa el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas. 
5 Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite. 
6 Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra vasija. Y él le dijo: No hay más vasijas. Y cesó el aceite. 
7 Entonces ella fue y se lo contó al hombre de Dios. Y él le dijo: Ve, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos podéis vivir de lo que quede.


Eliseo y la sunamita

8 Y aconteció que un día pasaba Eliseo por Sunem, donde había una mujer distinguida[b], y ella le persuadió a que comiera[c]. Y así fue que siempre que pasaba, entraba allí a comer[d]. 
9 Y ella dijo a su marido: He aquí, ahora entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es un hombre santo de Dios. 
10 Te ruego que hagamos un pequeño aposento alto, con paredes, y pongamos allí para él una cama, una mesa, una silla y un candelero; y será que cuando venga a nosotros, se podrá retirar allí. 
11 Y aconteció que un día vino él por allí, se retiró al aposento alto y allí se acostó. 
12 Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, ella se presentó delante de él. 
13 Y él le dijo a Giezi: Dile ahora: “He aquí, te has preocupado[e] por nosotros con todo este cuidado[f]; ¿qué puedo hacer por ti? ¿Quieres que hable por ti al rey o al jefe del ejército?” Y ella respondió: Yo vivo en medio de mi pueblo[g]. 
14 El entonces dijo: ¿Qué, pues, se puede hacer por ella? Y Giezi respondió: En verdad ella no tiene ningún hijo y su marido es viejo. 
15 Y él dijo: Llámala. Cuando él la llamó, ella se detuvo a la entrada. 
16 Entonces él le dijo: Por este tiempo, el año que viene[h], abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, hombre de Dios, no engañes a tu sierva. 
17 Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo al año siguiente en el[i] tiempo que Eliseo le había dicho.

18 Y cuando el niño creció, llegó el día en que salió al campo adonde estaba[j] su padre con[k] los segadores, 
19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. 
20 Y tomándolo, lo llevó a su madre, y estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. 
21 Entonces ella subió y lo puso sobre la cama del hombre de Dios, cerró la puerta detrás de él y salió. 
22 Luego llamó a su marido y le dijo: Te ruego que me envíes uno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al hombre de Dios y regrese. 
23 Y él dijo: ¿Por qué vas hoy a él? No es luna nueva ni día de reposo. Y ella respondió: Quédate en paz. 
24 Entonces ella aparejó el asna y dijo a su criado: Arrea[l] y anda; no detengas el paso[m] por mí a menos que yo te lo diga. 
25 Y ella fue y llegó al hombre de Dios en el monte Carmelo. Y sucedió que cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a Giezi su criado: He aquí, allá viene la[n] sunamita. 
26 Te ruego que corras ahora a su encuentro y le digas: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?” Y ella respondió: Bien. 
27 Cuando ella llegó al monte, al hombre de Dios, se asió de sus pies. Y Giezi se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: Déjala, porque su alma está angustiada[o] y el Señor me lo ha ocultado y no me lo ha revelado. 
28 Entonces ella dijo: ¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No dije: “No me engañes?”

29 Entonces él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos y toma mi báculo en tu mano, y vete; si encuentras a alguno, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondas, y pon mi báculo sobre el rostro del niño. 
30 Y la madre del niño dijo: Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de ti. Entonces él se levantó y la siguió. 
31 Y Giezi se adelantó a ellos y puso el báculo sobre el rostro del niño, mas no hubo voz ni reacción[p]. Así que volvió para encontrarlo, y le dijo[q]: El niño no ha despertado. 
32 Cuando Eliseo entró en la casa, he aquí, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama. 
33 Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señor. 
34 Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos[r] sobre sus manos[s], y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calor. 
35 Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre él; y el niño estornudó siete veces y[t] abrió sus ojos. 
36 Y Eliseo llamó a Giezi y le dijo: Llama a la[u] sunamita. Y él la llamó. Y cuando ella vino a Eliseo[v], él dijo: Toma a tu hijo. 
37 Entonces ella entró, cayó a sus pies y se postró en tierra, y tomando a su hijo, salió.


Otros milagros de Eliseo

38 Cuando Eliseo regresó a Gilgal, había hambre en la tierra. Y estando sentados los hijos de los profetas delante de él, dijo a su criado: Pon la olla grande y cuece potaje para los hijos de los profetas. 
39 Entonces uno de ellos salió al campo a recoger hierbas, y encontró una viña silvestre y de ella recogió su falda llena de calabazas silvestres, y vino y las cortó en pedazos en la olla de potaje, porque no sabía lo que eran. 
40 Y lo sirvieron para que los hombres comieran. Y sucedió que cuando comían el potaje, clamaron y dijeron: ¡Oh hombre de Dios, hay muerte en la olla! Y no pudieron comer. 
41 Pero él dijo: Traedme harina. Y la echó en la olla, y dijo: Sírvelo a la gente para que coman. Y ya no había nada malo en la olla.

42 Y vino un hombre de Baal-salisa y trajo al hombre de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada y espigas de grano nuevo en su bolsa. Y él dijo: Dalos a la gente para que coman. 
43 Y su sirviente dijo: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él respondió: Dalos a la gente para que coman, porque así dice el Señor: “Comerán y sobrará.” 
44 Y lo puso delante de ellos y comieron, y sobró conforme a la palabra del Señor.

Pie de notas:

a. 2 Reyes 4:3 Lit., pide para ti
b. 2 Reyes 4:8 Lit., una gran mujer
c. 2 Reyes 4:8 Lit., a comer pan
d. 2 Reyes 4:8 Lit., a comer pan
e. 2 Reyes 4:13 Lit., Has tenido temor
f. 2 Reyes 4:13 Lit., temor
g. 2 Reyes 4:13 Lit., mis parientes
h. 2 Reyes 4:16 Lit., cuando el tiempo reviva
i. 2 Reyes 4:17 Lit., cuando el tiempo revivió en este
j. 2 Reyes 4:18 Lit., a
k. 2 Reyes 4:18 Lit., a
l. 2 Reyes 4:24 O, Guía
m. 2 Reyes 4:24 Lit., el cabalgar
n. 2 Reyes 4:25 Lit., He aquí, esta
o. 2 Reyes 4:27 Lit., amarga en ella
p. 2 Reyes 4:31 Lit., atención
q. 2 Reyes 4:31 Lit., dijo, diciendo
r. 2 Reyes 4:34 Lit., palmas
s. 2 Reyes 4:34 Lit., palmas
t. 2 Reyes 4:35 Lit., y el niño
u. 2 Reyes 4:36 Lit., esta
v. 2 Reyes 4:36 Lit., él

Capítulos de 2 Reyes

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